A continuación, como bien anuncié unos días atrás sobre mi
intención de recoger encuentros feéricos en España, recupero un caso
relativamente reciente sobre lo que aparentemente parecían huellas diminutas de
algún posible gnomo, duende o ser de pequeña talla.

Según explica Canto era claramente visible la curva interior
de la planta y el llamado “monte Venus”. “En aquél mismo tramo –escribe-
observé cuatro huellas de las mismas características y, en total, si incluimos
el resto de las pisadas que observamos alrededor del dolmen, la suma ascendió a
16 pisadas”.
Dos de las personas que asistieron al descubrimiento eran
zahoríes, es decir, radiestesistas que coincidieron en afirmar que de aquellas
huellas emanaba cierta energía al provocar una fuerte oscilación en el péndulo.
Con buen criterio Canto efectuó varias fotografías que curiosamente resultaron
¡veladas! ¿Cosa de los “duendes”?
En todo caso resulta curioso que las huellas y el fenómeno
tuvieran lugar en las proximidades del dolmen pues, la tradición asegura que debajo
de estos megalitos se extienden numerosas galerías subterráneas que conectan
las ciudades de estos diminutos seres.
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